miércoles, 3 de noviembre de 2021

V JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES




                 


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

V JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario
14 de noviembre de 2021

«A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7)

 

1. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Jesús pronunció estas palabras en el contexto de una comida en Betania, en casa de un tal Simón, llamado “el leproso”, unos días antes de la Pascua. Según narra el evangelista, una mujer entró con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy valioso y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Ese gesto suscitó gran asombro y dio lugar a dos interpretaciones diversas.

La primera fue la indignación de algunos de los presentes, entre ellos los discípulos que, considerando el valor del perfume —unos 300 denarios, equivalentes al salario anual de un obrero— pensaron que habría sido mejor venderlo y dar lo recaudado a los pobres. Según el Evangelio de Juan, fue Judas quien se hizo intérprete de esta opinión: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?». Y el evangelista señala: «Esto no lo dijo porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa del dinero en común, robaba de lo que echaban en ella» (12,5-6). No es casualidad que esta dura crítica salga de la boca del traidor, es la prueba de que quienes no reconocen a los pobres traicionan la enseñanza de Jesús y no pueden ser sus discípulos. A este respecto, recordamos las contundentes palabras de Orígenes: «Judas parecía preocuparse por los pobres [...]. Si ahora todavía hay alguien que tiene la bolsa de la Iglesia y habla a favor de los pobres como Judas, pero luego toma lo que ponen dentro, entonces, que tenga su parte junto a Judas» (Comentario al Evangelio de Mateo, XI, 9).

La segunda interpretación la dio el propio Jesús y permite captar el sentido profundo del gesto realizado por la mujer. Él dijo: «¡Déjenla! ¿Por qué la molestan? Ha hecho una obra buena conmigo» (Mc 14,6). Jesús sabía que su muerte estaba cercana y vio en ese gesto la anticipación de la unción de su cuerpo sin vida antes de ser depuesto en el sepulcro. Esta visión va más allá de cualquier expectativa de los comensales. Jesús les recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos. Y es también en nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, que el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer. Ella, con su sensibilidad femenina, demostró ser la única que comprendió el estado de ánimo del Señor. Esta mujer anónima, destinada quizá por esto a representar a todo el universo femenino que a lo largo de los siglos no tendrá voz y sufrirá violencia, inauguró la significativa presencia de las mujeres que participan en el momento culminante de la vida de Cristo: su crucifixión, muerte y sepultura, y su aparición como Resucitado. Las mujeres, tan a menudo discriminadas y mantenidas al margen de los puestos de responsabilidad, en las páginas de los Evangelios son, en cambio, protagonistas en la historia de la revelación. Y es elocuente la expresión final de Jesús, que asoció a esta mujer a la gran misión evangelizadora: «Les aseguro que, para honrar su memoria, en cualquier parte del mundo donde se proclame la Buena Noticia se contará lo que ella acaba de hacer conmigo» (Mc 14,9).

2. Esta fuerte “empatía” entre Jesús y la mujer, y el modo en que Él interpretó su unción, en contraste con la visión escandalizada de Judas y de los otros, abre un camino fecundo de reflexión sobre el vínculo inseparable que hay entre Jesús, los pobres y el anuncio del Evangelio.

El rostro de Dios que Él revela, de hecho, es el de un Padre para los pobres y cercano a los pobres. Toda la obra de Jesús afirma que la pobreza no es fruto de la fatalidad, sino un signo concreto de su presencia entre nosotros. No lo encontramos cuando y donde quisiéramos, sino que lo reconocemos en la vida de los pobres, en su sufrimiento e indigencia, en las condiciones a veces inhumanas en las que se ven obligados a vivir. No me canso de repetir que los pobres son verdaderos evangelizadores porque fueron los primeros en ser evangelizados y llamados a compartir la bienaventuranza del Señor y su Reino (cf. Mt 5,3).

Los pobres de cualquier condición y de cualquier latitud nos evangelizan, porque nos permiten redescubrir de manera siempre nueva los rasgos más genuinos del rostro del Padre. «Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 198-199).

3. Jesús no sólo está de parte de los pobres, sino que comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección también para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tienen siempre con ustedes» también indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero que no debe conducirnos a un acostumbramiento que se convierta en indiferencia, sino a involucrarnos en un compartir la vida que no admite delegaciones. Los pobres no son personas “externas” a la comunidad, sino hermanos y hermanas con los cuales compartir el sufrimiento para aliviar su malestar y marginación, para devolverles la dignidad perdida y asegurarles la necesaria inclusión social. Por otra parte, se sabe que una obra de beneficencia presupone un benefactor y un beneficiado, mientras que el compartir genera fraternidad. La limosna es ocasional, mientras que el compartir es duradero. La primera corre el riesgo de gratificar a quien la realiza y humillar a quien la recibe; el segundo refuerza la solidaridad y sienta las bases necesarias para alcanzar la justicia. En definitiva, los creyentes, cuando quieren ver y palpar a Jesús en persona, saben a dónde dirigirse, los pobres son sacramento de Cristo, representan su persona y remiten a él.

Tenemos muchos ejemplos de santos y santas que han hecho del compartir con los pobres su proyecto de vida. Pienso, entre otros, en el padre Damián de Veuster, santo apóstol de los leprosos. Con gran generosidad respondió a la llamada de ir a la isla de Molokai, convertida en un gueto accesible sólo a los leprosos, para vivir y morir con ellos. Puso manos a la obra e hizo todo lo posible para que la vida de esos pobres, enfermos y marginados, reducidos a la extrema degradación, fuera digna de ser vivida. Se hizo médico y enfermero, sin reparar en los riesgos que corría, y llevó la luz del amor a esa “colonia de muerte”, como era llamada la isla. La lepra lo afectó también a él, signo de un compartir total con los hermanos y hermanas por los que había dado la vida. Su testimonio es muy actual en nuestros días, marcados por la pandemia de coronavirus. La gracia de Dios actúa ciertamente en el corazón de muchos que, sin aparecer, se gastan por los más pobres en un concreto compartir.

4. Necesitamos, pues, adherirnos con plena convicción a la invitación del Señor: «Conviértanse y crean en la Buena Noticia» (Mc 1,15). Esta conversión consiste, en primer lugar, en abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. A menudo los pobres son considerados como personas separadas, como una categoría que requiere un particular servicio caritativo. Seguir a Jesús implica, en este sentido, un cambio de mentalidad, es decir, acoger el reto de compartir y participar. Convertirnos en sus discípulos implica la opción de no acumular tesoros en la tierra, que dan la ilusión de una seguridad en realidad frágil y efímera. Por el contrario, requiere la disponibilidad para liberarse de todo vínculo que impida alcanzar la verdadera felicidad y bienaventuranza, para reconocer lo que es duradero y que no puede ser destruido por nada ni por nadie (cf. Mt 6,19-20).

La enseñanza de Jesús también en este caso va a contracorriente, porque promete lo que sólo los ojos de la fe pueden ver y experimentar con absoluta certeza: «Y todo el que deje casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi causa, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna» (Mt 19,29). Si no se elige convertirse en pobres de las riquezas efímeras, del poder mundano y de la vanagloria, nunca se podrá dar la vida por amor; se vivirá una existencia fragmentaria, llena de buenos propósitos, pero ineficaz para transformar el mundo. Se trata, por tanto, de abrirse con decisión a la gracia de Cristo, que puede hacernos testigos de su caridad sin límites y devolverle credibilidad a nuestra presencia en el mundo.

5. El Evangelio de Cristo impulsa a estar especialmente atentos a los pobres y pide reconocer las múltiples y demasiadas formas de desorden moral y social que generan siempre nuevas formas de pobreza. Parece que se está imponiendo la idea de que los pobres no sólo son responsables de su condición, sino que constituyen una carga intolerable para un sistema económico que pone en el centro los intereses de algunas categorías privilegiadas. Un mercado que ignora o selecciona los principios éticos crea condiciones inhumanas que se abaten sobre las personas que ya viven en condiciones precarias. Se asiste así a la creación de trampas siempre nuevas de indigencia y exclusión, producidas por actores económicos y financieros sin escrúpulos, carentes de sentido humanitario y de responsabilidad social.

El año pasado, además, se añadió otra plaga que produjo ulteriormente más pobres: la pandemia. Esta sigue tocando a las puertas de millones de personas y, cuando no trae consigo el sufrimiento y la muerte, es de todas maneras portadora de pobreza. Los pobres han aumentado desproporcionadamente y, por desgracia, seguirán aumentando en los próximos meses. Algunos países, a causa de la pandemia, están sufriendo gravísimas consecuencias, de modo que las personas más vulnerables están privadas de los bienes de primera necesidad. Las largas filas frente a los comedores para los pobres son el signo tangible de este deterioro. Una mirada atenta exige que se encuentren las soluciones más adecuadas para combatir el virus a nivel mundial, sin apuntar a intereses partidistas. En particular, es urgente dar respuestas concretas a quienes padecen el desempleo, que golpea dramáticamente a muchos padres de familia, mujeres y jóvenes. La solidaridad social y la generosidad de la que muchas personas son capaces, gracias a Dios, unidas a proyectos de promoción humana a largo plazo, están aportando y aportarán una contribución muy importante en esta coyuntura.

6. Sin embargo, permanece abierto el interrogante, que no es obvio en absoluto: ¿cómo es posible dar una solución tangible a los millones de pobres que a menudo sólo encuentran indiferencia, o incluso fastidio, como respuesta? ¿Qué camino de justicia es necesario recorrer para que se superen las desigualdades sociales y se restablezca la dignidad humana, tantas veces pisoteada? Un estilo de vida individualista es cómplice en la generación de pobreza, y a menudo descarga sobre los pobres toda la responsabilidad de su condición. Sin embargo, la pobreza no es fruto del destino sino consecuencia del egoísmo. Por lo tanto, es decisivo dar vida a procesos de desarrollo en los que se valoren las capacidades de todos, para que la complementariedad de las competencias y la diversidad de las funciones den lugar a un recurso común de participación. Hay muchas pobrezas de los “ricos” que podrían ser curadas por la riqueza de los “pobres”, ¡si sólo se encontraran y se conocieran! Ninguno es tan pobre que no pueda dar algo de sí mismo en la reciprocidad. Los pobres no pueden ser sólo los que reciben; hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder. ¡Cuántos ejemplos de compartir están ante nuestros ojos! Los pobres nos enseñan a menudo la solidaridad y el compartir. Es cierto, son personas a las que les falta algo, frecuentemente les falta mucho e incluso lo necesario, pero no les falta todo, porque conservan la dignidad de hijos de Dios que nada ni nadie les puede quitar.

7. Por eso se requiere un enfoque diferente de la pobreza. Es un reto que los gobiernos y las instituciones mundiales deben afrontar con un modelo social previsor, capaz de responder a las nuevas formas de pobreza que afectan al mundo y que marcarán las próximas décadas de forma decisiva. Si se margina a los pobres, como si fueran los culpables de su condición, entonces el concepto mismo de democracia se pone en crisis y toda política social se vuelve un fracaso. Con gran humildad deberíamos confesar que en lo referente a los pobres somos a menudo incompetentes. Se habla de ellos en abstracto, nos detenemos en las estadísticas y se piensa en provocar conmoción con algún documental. La pobreza, por el contrario, debería suscitar una planificación creativa, que permita aumentar la libertad efectiva para poder realizar la existencia con las capacidades propias de cada persona. Pensar que la libertad se concede e incrementa por la posesión de dinero es una ilusión de la que hay que alejarse. Servir eficazmente a los pobres impulsa a la acción y permite encontrar los medios más adecuados para levantar y promover a esta parte de la humanidad, demasiadas veces anónima y sin voz, pero que tiene impresa en sí el rostro del Salvador que pide ayuda.

8. «A los pobres los tienen siempre con ustedes» (Mc 14,7). Es una invitación a no perder nunca de vista la oportunidad que se ofrece de hacer el bien. En el fondo se puede entrever el antiguo mandato bíblico: «Si hubiese un hermano pobre entre los tuyos, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu hermano el pobre. Por el contrario, tiéndele la mano y préstale lo que necesite, lo que le falte. […] Le prestarás, y no de mala gana, porque por eso el Señor, tu Dios, te bendecirá en todo lo que hagas y emprendas. Ya que no faltarán pobres en la tierra» (Dt 15.7-8.10-11). El apóstol Pablo se sitúa en la misma línea cuando exhorta a los cristianos de sus comunidades a socorrer a los pobres de la primera comunidad de Jerusalén y a hacerlo «no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama a quien da con alegría» (2 Co 9,7). No se trata de aliviar nuestra conciencia dando alguna limosna, sino más bien de contrastar la cultura de la indiferencia y la injusticia con la que tratamos a los pobres.

En este contexto también es bueno recordar las palabras de san Juan Crisóstomo: «El que es generoso no debe pedir cuentas de la conducta, sino sólo mejorar la condición de pobreza y satisfacer la necesidad. El pobre sólo tiene una defensa: su pobreza y la condición de necesidad en la que se encuentra. No le pidas nada más; pero aunque fuese el hombre más malvado del mundo, si le falta el alimento necesario, librémosle del hambre. [...] El hombre misericordioso es un puerto para quien está en necesidad: el puerto acoge y libera del peligro a todos los náufragos; sean ellos malvados, buenos, o sean como sean aquellos que se encuentren en peligro, el puerto los protege dentro de su bahía. Por tanto, también tú, cuando veas en tierra a un hombre que ha sufrido el naufragio de la pobreza, no juzgues, no pidas cuentas de su conducta, sino libéralo de la desgracia» (Discursos sobre el pobre Lázaro, II, 5).

9. Es decisivo que se aumente la sensibilidad para comprender las necesidades de los pobres, en continuo cambio como lo son las condiciones de vida. De hecho, hoy en día, en las zonas económicamente más desarrolladas del mundo, se está menos dispuestos que en el pasado a enfrentarse a la pobreza. El estado de relativo bienestar al que se está acostumbrados hace más difícil aceptar sacrificios y privaciones. Se es capaz de todo, con tal de no perder lo que ha sido fruto de una conquista fácil. Así, se cae en formas de rencor, de nerviosismo espasmódico, de reivindicaciones que llevan al miedo, a la angustia y, en algunos casos, a la violencia. Este no ha de ser el criterio sobre el que se construya el futuro; sin embargo, estas también son formas de pobreza de las que no se puede apartar la mirada. Debemos estar abiertos a leer los signos de los tiempos que expresan nuevas modalidades de cómo ser evangelizadores en el mundo contemporáneo. La ayuda inmediata para satisfacer las necesidades de los pobres no debe impedirnos ser previsores a la hora de poner en práctica nuevos signos del amor y de la caridad cristiana como respuesta a las nuevas formas de pobreza que experimenta la humanidad de hoy.

Deseo que la Jornada Mundial de los Pobres, que llega a su quinta edición, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida... Es importante entender cómo se sienten, qué perciben y qué deseos tienen en el corazón. Hagamos nuestras las apremiantes palabras de don Primo Mazzolari: «Quisiera pedirles que no me pregunten si hay pobresquiénes son y cuántos son, porque temo que tales preguntas representen una distracción o el pretexto para apartarse de una indicación precisa de la conciencia y del corazón. [...] Nunca he contado a los pobres, porque no se pueden contar: a los pobres se les abraza, no se les cuenta» (“Adesso” n. 7 – 15 abril 1949). Los pobres están entre nosotros. Qué evangélico sería si pudiéramos decir con toda verdad: también nosotros somos pobres, porque sólo así lograremos reconocerlos realmente y hacerlos parte de nuestra vida e instrumentos de salvación.

Roma, San Juan de Letrán, 13 de junio de 2021, Memoria litúrgica de san Antonio de Padua.

viernes, 29 de octubre de 2021

Abrazo en familia 2021




«Familia, sé testigo del amor y la esperanza» es el lema de la campaña Abrazo en Familia a celebrarse del 07 al 14 de noviembre de 2021. El Departamento de Familia e Infancia del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano invita a participar en el camino preparatorio para esta celebración que consta de un itinerario formativo elaborado para la promoción de valores cristianos en el hogar.

A la luz de las enseñanzas de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia y la Carta Apostólica Patris Corde, en el Año de la Familia y el Año de San José, la campaña abordará 6 temas que constituyen dimensiones claves para la comunión familiar: «La belleza de la vida, regalo del Señor»; «San José, Padre de Jesús ilumina al hombre de hoy»; «Los hijos don de Dios, compromiso del amor»; «Abuelos, memoria y riqueza de la familia»; «Cuando el duelo llega a la familia» y «Mi familia, pequeña Iglesia doméstica».

Los recursos para la celebración de la Campaña Abrazo en Familia podrán ser visualizados a través de las cuentas en redes sociales de la Conferencia Episcopal Venezolana y la Pastoral Familiar de Venezuela; de igual forma, el folleto formativo, la hoja del niño, afiche, flyers para redes sociales, y demás materiales, estarán disponibles en la página web del Departamento de Familia e Infancia o a través de la sección de recursos del sitio web de la Conferencia Episcopal Venezolana, la cual se actualizará de forma constante con nuevos elementos gráficos y audiovisuales para su uso y distribución. De igual forma, se invita a utilizar como etiqueta oficial «#FamiliaTestigodelAmor» durante el camino preparatorio y la etiqueta «#AbrazoenFamilia2021» durante la semana celebrativa del 07 al 14 de noviembre.

La Campaña Abrazo en Familia cumple 31 años acompañando a los venezolanos a través de la promoción de los valores cristianos en el hogar, una iniciativa que busca fortalecer los lazos fraternos entre los integrantes del grupo familiar, destacando el valor de la familia como base de la sociedad y primer espacio para la formación de la fe.


Temas de la campaña en videos








Descarga aquí el material de la Campaña

Cortesía de  https://conferenciaepiscopalvenezolana.com/

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jueves, 28 de octubre de 2021

5 consideraciones para el reinicio de clases



Entre los desafíos exacerbados por la pandemia, la reapertura de las escuelas – en su modalidad virtual, híbrida o presencial – es sin duda uno de los más complejos y sensibles.

La decisión de la mayor parte de las autoridades de volver a un formato híbrido o presencial responde a la evidencia del rezago en los aprendizajes y la salud mental de los estudiantes causado por esta histórica interrupción en el funcionamiento de la escuela. A nivel global, las escuelas se han tenido que trasladar a los hogares y las familias han asumido un rol protagónico en el desarrollo de una educación a distancia; con varios retos asociados. Si la educación en la región ya tenía graves problemas pre-COVID, hoy se encuentra en terapia intensiva.

A pesar de los esfuerzos heroicos de las familias, docentes y administradores, la enseñanza remota ha puesto nuevamente en evidencia la enorme desigualdad existente en la región. Para estudiantes que viven en zonas marginales o carecen de acceso a herramientas tecnológicas y apoyo de sus familias, la pandemia ha profundizado las brechas que ya los separaban de sus pares más afortunados. Cuando a esto sumamos los efectos del aislamiento en el desarrollo psicosocial de los alumnos y la terrible deserción que se estima será de 1,2 millones de niños y jóvenes, se torna urgente diseñar políticas compensatorias.

En América Latina y el Caribe, la mayoría de los gobiernos están implementando planes de retorno a instituciones educativas con varios retos asociados a lograr el cumplimiento del protocolo sanitario. La mayoría aplicará modelos mixtos que combinan la instrucción presencial con la virtual. Algunos seguirán el ejemplo de Uruguay, que desde junio de 2020 ha implementado una estrategia híbrida que privilegia la educación presencial cuando existen las condiciones necesarias.

Los meses que vienen requerirán paciencia, flexibilidad, y el cumplimiento riguroso de normas y directrices. Desde el BID, consideramos importante tener en cuenta ciertas condiciones habilitantes en la implementación de políticas públicas durante la transición al nuevo año escolar.

1.      Reducir el riesgo sanitario

Se deben aplicar estrategias de reducción de riesgos sanitarios que incluyen procesos de monitoreo de la transmisión comunitaria y protocolos claros para el manejo de casos. Es vital que las familias entiendan sus responsabilidades en la detección de síntomas y la aplicación de cuarentenas, y que cada escuela cuente con los recursos necesarios para cumplir con las normas de salud. También se deben aplicar procesos para mantener “burbujas por curso” que disminuyan el contacto entre alumnos. La comunicación pública de cada aspecto del retorno a las aulas debe ser gestionada con absoluta transparencia y consistencia en los mensajes, y en estrecha colaboración con todos los medios de comunicación. Sólo así se puede lograr que la comunidad educativa en su conjunto sea consciente de sus responsabilidades, y se evite la proliferación de rumores e información falsa.

2.      Adaptarse a la situación local

Las decisiones finales sobre la reapertura deben respetar la situación local. Dada la infinita variedad de contextos en los que operan escuelas públicas y privadas, los gobiernos nacionales deben permitir que entidades de nivel provincial y municipal determinen el momento y la modalidad correcta para reabrir. Políticas demasiado rígidas podrían provocar el rechazo de poblaciones locales y socavar la credibilidad de la estrategia nacional de reapertura de escuelas. Asimismo, los padres deben contar con la opción de una educación remota garantizada. La decisión final sobre la asistencia de los estudiantes recae en cada familia y no se puede ignorar que existen riesgos asociados a un retorno presencial. 

3.      Mejorar la educación a distancia

Se debe continuar mejorando la educación a distancia. Está claro que la escuela ha sufrido una importante disrupción a raíz de la pandemia y que hay cambios estructurales que se deben trabajar para lograr una educación ubicua de calidad. Los docentes deben contar con las herramientas y capacidades requeridas para diseñar experiencias de aprendizaje significativas. Asimismo, los estudiantes deberían tener acceso a dispositivos con conectividad, recursos, plataformas y mentores de apoyo. Finalmente, se debe continuar guiando a los padres y tutores para lograr un ambiente de aprendizaje saludable.

4.      Simplificar los programas

Se debe simplificar el currículo, definiendo competencias esenciales con prioridades claras y evaluaciones del progreso alcanzado. Todos los Ministerios de Educación deben preguntarse: ¿qué es razonable y primordial que aprendan los estudiantes y cómo evaluamos la brecha generada por el contexto que vivimos? Esto requerirá ajustar el calendario anual y la planificación de los docentes, otorgando flexibilidad y ofreciendo apoyo pedagógico y emocional.

5.      Distribuir el presupuesto estatal de forma eficiente

Los gobiernos requieren de recursos financieros para enfrentar los retos de la pandemia y el cambio de paradigma necesario. Los presupuestos estatales deben contemplar inversiones para una educación que incorpore la tecnología y conectividad, para cumplir con los protocolos sanitarios y para apoyar a las escuelas con su infraestructuras y alimentación escolar. La situación fiscal de cada país debe estar contemplada y los esfuerzos deben centrarse también en lograr la eficiencia del gasto público. Esta tarea va más allá del Ministerio de Educación; es una tarea conjunta con otros servicios sociales orientados a combatir el desempleo y garantizar la protección social y la salud integral de las familias. Asimismo, las autoridades deben trabajar de manera coordinada para dar mayor énfasis al apoyo socioemocional y al enfoque de género.

Durante este año que inicia, los sistemas educativos deberán hacer un esfuerzo sistemático para evaluar los rezagos y vacíos en el aprendizaje que nos dejó esta interrupción, y para implementar planes para recuperar el terreno perdido.

Sería trágico si en el 2021 solo buscamos reconstruir el mundo educativo de finales del 2019. Más bien, esta debe ser la ocasión de acelerar la transformación educativa que tanto necesitamos. Un aspecto positivo de la pandemia es que se involucraron los padres y se visibilizó ante ellos el proceso de aprendizaje, y las falencias asociadas.  Por ende, debemos centrarnos no solo en la reapertura de escuelas, sino que también en una reflexión profunda y participativa sobre las reformas estructurales necesarias. Aprovechemos el sentido de urgencia existente para llamar a la acción, abriendo esta conversación a la sociedad en su conjunto para así generar acuerdos entre los sectores público, privado, y la sociedad civil en pos de una educación inclusiva y equitativa. Pongamos al estudiante en el centro del aprendizaje, y construyamos una nueva escuela capaz de formar a ciudadanos del Siglo XXI.

Autor: Benigno López
Publicado por: blogs.iadb.org
Fecha de consulta: 12/03/2021


Cortesía de https://ciec.edu.co/

Siete propuestas para una nueva educación en Iberoamérica


Volver a las clases presenciales es un paso importante y un reto. Es imprescindible variar el rumbo errado e injusto de las trayectorias educativas de una parte importante del alumnado.


La mayoría de los países iberoamericanos han regresado a las clases presenciales en medio de una gran incertidumbre por la amenaza de un rebrote de covid-19, los problemas de distribución e inequidad de las vacunas y el relajamiento de las medidas de seguridad sanitaria. Por otro lado, las demandas contrapuestas de la sociedad, en específico de las familias, que exigen a los gobiernos la vuelta a la escolaridad presencial, al tiempo que piden prudencia por el temor al contagio.

A excepción de España, Portugal y Andorra que volvieron a las escuelas en el mes de septiembre pasado, y Nicaragua que nunca dejó la presencialidad, los demás países de la región comenzaron el proceso de retorno a la presencialidad, con diferentes variantes, a partir de febrero de este año, un año después de la irrupción de la pandemia.

Distintos organismos internacionales han alertado sobre lo que ha implicado el cierre de los centros educativos en la región, refiriéndose a los efectos que el confinamiento ha tenido en la salud mental de los estudiantes, al aumento de la brecha educativa y a las pérdidas de aprendizajes que se han generado, cuya magnitud aún se desconoce. El Banco Interamericano de Desarrollo (2021) estima que la pandemia podría causar una pérdida de 0,9 años de escolaridad en promedio, afectando de manera especial a los alumnos que vienen de contextos más desfavorecidos.

Sin embargo, lo cierto es que antes del cierre de las escuelas y de la llegada de la covid-19, la realidad educativa de la región iberoamericana ya era preocupante. De acuerdo con los resultados de la prueba PISA (2018), los estudiantes latinoamericanos de 15 años de los países participantes no logran alcanzar las competencias básicas de lectura y en promedio presentan un retraso de unos tres años en lectura, matemática y ciencias, si lo comparamos con estudiantes de otros países de la OCDE. Las primeras estimaciones del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) sobre el cumplimiento de una meta esencial del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, relacionada con los resultados de aprendizaje requeridos al finalizar la educación de Primaria y Secundaria, ahondan en el mismo atraso. Esto significa que una gran proporción de niños, niñas y jóvenes de la región carece de las competencias esenciales para lograr aprendizajes posteriores, para insertarse en el mercado productivo y para el ejercicio de la ciudadanía.

Los estudiantes latinoamericanos de 15 años no logran alcanzar las competencias básicas de lectura y en promedio presentan un retraso de unos tres años en lectura, matemática y ciencias

En la región más desigual del planeta, la pandemia no solo sacó a flote las inequidades que existen (también en materia educativa), sino que las profundizó.

Por ello, es necesario repensar la educación y transformarla, para que no vuelva a la inercia del pasado, sino que posibilite oportunidades de aprendizaje para todos, como plantea la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en su publicación La educación del mañana: ¿inercia o transformación? (2020). Es fundamental:

  • Mirar más allá de las paredes de una edificación. Si de algo nos hemos dado cuenta en este tiempo es que el aprendizaje se da en cualquier lugar y a través de una diversidad de medios y recursos.
  • Contar con sistemas de apoyo que integren estrategias pedagógicas y recursos (materiales impresos y herramientas digitales), así como mecanismos de evaluación que posibiliten identificar a los alumnos que presentan retrasos y áreas con mayores dificultades, a fin de nivelar, recuperar y promover sus aprendizajes.
  • Poner el foco en mejorar las competencias básicas de lectura, escritura y matemática desde los primeros grados. La alfabetización inicial de los niños en la edad correcta es el eslabón para tener logros de aprendizaje y continuar aprendiendo a lo largo de la vida.
  • Cuidar el bienestar emocional de los estudiantes. Hay que recobrar las experiencias vividas durante el confinamiento para dar significado a lo que se enseña. En una consulta estudiantil realizada por la OEI en República Dominicana, los niños y las niñas manifestaron angustia y temor de perder a sus familiares y amigos, lo que nos revela la necesidad de desarrollar las competencias emocionales y sociales en la escuela.
  • Colocar al estudiante y sus aprendizajes en el centro. Esto requiere de docentes formados y comprometidos que personalicen los aprendizajes a partir de las necesidades e intereses de los estudiantes. Además, es preciso contar con un liderazgo directivo.
  • Apostar por la autonomía y despertar el entusiasmo de los estudiantes por aprender a aprender, para que sean agentes de su propio estudio, a través del trabajo por proyectos, el uso de las tecnologías digitales y diversas modalidades de trabajo pedagógico. La estructura de la escuela debe flexibilizarse, gestionar los espacios de una manera distinta y ajustar los tiempos. Los sistemas educativos deberían promover esta autonomía también en los docentes y en los centros educativos.
  • Finalmente, la escuela a la que se está regresando debe conjugar la presencialidad y la virtualidad. Hace falta sacar un mayor provecho del uso de las tecnologías para fines pedagógicos. Es necesario que el profesorado cuente con mayores competencias tecnológicas para el trabajo educativo y potencialice el uso de las plataformas tecnológicas, los contenidos digitales y los recursos multimedia con que cuentan varios países. Un ejemplo es Iberoamérica aprende, la plataforma que la OEI ha puesto a disposición de los sistemas educativos de la región.

La decisión de los gobiernos de Iberoamérica de volver a las clases presenciales es un paso importante y un reto que supone un gran esfuerzo. Pero no es suficiente si no se hace nada para variar el rumbo errado e injusto de las trayectorias educativas de una parte importante de la población estudiantil.

Tenemos la oportunidad de repensar la educación escolar y dotarla de sentido, pero no solo para recuperar los aprendizajes perdidos, sino para generarlos, en el marco de un modelo educativo innovador y transformador que llegue a todos los estudiantes y, sobre todo, a los que se han ido quedando atrás. Para esto, la cooperación internacional y las alianzas tienen un rol clave que jugar.

Catalina Andújar Scheker es la representante Residente de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en República Dominicana.

Autor: CATALINA ANDÚJAR SCHEKER
Publicado por: elpais.com
Fecha de consulta: 15/07/2021


Cortesía de https://ciec.edu.co/

Mensaje de Presidencia 76 Aniversario