viernes, 29 de octubre de 2021

Abrazo en familia 2021




«Familia, sé testigo del amor y la esperanza» es el lema de la campaña Abrazo en Familia a celebrarse del 07 al 14 de noviembre de 2021. El Departamento de Familia e Infancia del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano invita a participar en el camino preparatorio para esta celebración que consta de un itinerario formativo elaborado para la promoción de valores cristianos en el hogar.

A la luz de las enseñanzas de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia y la Carta Apostólica Patris Corde, en el Año de la Familia y el Año de San José, la campaña abordará 6 temas que constituyen dimensiones claves para la comunión familiar: «La belleza de la vida, regalo del Señor»; «San José, Padre de Jesús ilumina al hombre de hoy»; «Los hijos don de Dios, compromiso del amor»; «Abuelos, memoria y riqueza de la familia»; «Cuando el duelo llega a la familia» y «Mi familia, pequeña Iglesia doméstica».

Los recursos para la celebración de la Campaña Abrazo en Familia podrán ser visualizados a través de las cuentas en redes sociales de la Conferencia Episcopal Venezolana y la Pastoral Familiar de Venezuela; de igual forma, el folleto formativo, la hoja del niño, afiche, flyers para redes sociales, y demás materiales, estarán disponibles en la página web del Departamento de Familia e Infancia o a través de la sección de recursos del sitio web de la Conferencia Episcopal Venezolana, la cual se actualizará de forma constante con nuevos elementos gráficos y audiovisuales para su uso y distribución. De igual forma, se invita a utilizar como etiqueta oficial «#FamiliaTestigodelAmor» durante el camino preparatorio y la etiqueta «#AbrazoenFamilia2021» durante la semana celebrativa del 07 al 14 de noviembre.

La Campaña Abrazo en Familia cumple 31 años acompañando a los venezolanos a través de la promoción de los valores cristianos en el hogar, una iniciativa que busca fortalecer los lazos fraternos entre los integrantes del grupo familiar, destacando el valor de la familia como base de la sociedad y primer espacio para la formación de la fe.


Temas de la campaña en videos








Descarga aquí el material de la Campaña

Cortesía de  https://conferenciaepiscopalvenezolana.com/

 Más información aquí

jueves, 28 de octubre de 2021

5 consideraciones para el reinicio de clases



Entre los desafíos exacerbados por la pandemia, la reapertura de las escuelas – en su modalidad virtual, híbrida o presencial – es sin duda uno de los más complejos y sensibles.

La decisión de la mayor parte de las autoridades de volver a un formato híbrido o presencial responde a la evidencia del rezago en los aprendizajes y la salud mental de los estudiantes causado por esta histórica interrupción en el funcionamiento de la escuela. A nivel global, las escuelas se han tenido que trasladar a los hogares y las familias han asumido un rol protagónico en el desarrollo de una educación a distancia; con varios retos asociados. Si la educación en la región ya tenía graves problemas pre-COVID, hoy se encuentra en terapia intensiva.

A pesar de los esfuerzos heroicos de las familias, docentes y administradores, la enseñanza remota ha puesto nuevamente en evidencia la enorme desigualdad existente en la región. Para estudiantes que viven en zonas marginales o carecen de acceso a herramientas tecnológicas y apoyo de sus familias, la pandemia ha profundizado las brechas que ya los separaban de sus pares más afortunados. Cuando a esto sumamos los efectos del aislamiento en el desarrollo psicosocial de los alumnos y la terrible deserción que se estima será de 1,2 millones de niños y jóvenes, se torna urgente diseñar políticas compensatorias.

En América Latina y el Caribe, la mayoría de los gobiernos están implementando planes de retorno a instituciones educativas con varios retos asociados a lograr el cumplimiento del protocolo sanitario. La mayoría aplicará modelos mixtos que combinan la instrucción presencial con la virtual. Algunos seguirán el ejemplo de Uruguay, que desde junio de 2020 ha implementado una estrategia híbrida que privilegia la educación presencial cuando existen las condiciones necesarias.

Los meses que vienen requerirán paciencia, flexibilidad, y el cumplimiento riguroso de normas y directrices. Desde el BID, consideramos importante tener en cuenta ciertas condiciones habilitantes en la implementación de políticas públicas durante la transición al nuevo año escolar.

1.      Reducir el riesgo sanitario

Se deben aplicar estrategias de reducción de riesgos sanitarios que incluyen procesos de monitoreo de la transmisión comunitaria y protocolos claros para el manejo de casos. Es vital que las familias entiendan sus responsabilidades en la detección de síntomas y la aplicación de cuarentenas, y que cada escuela cuente con los recursos necesarios para cumplir con las normas de salud. También se deben aplicar procesos para mantener “burbujas por curso” que disminuyan el contacto entre alumnos. La comunicación pública de cada aspecto del retorno a las aulas debe ser gestionada con absoluta transparencia y consistencia en los mensajes, y en estrecha colaboración con todos los medios de comunicación. Sólo así se puede lograr que la comunidad educativa en su conjunto sea consciente de sus responsabilidades, y se evite la proliferación de rumores e información falsa.

2.      Adaptarse a la situación local

Las decisiones finales sobre la reapertura deben respetar la situación local. Dada la infinita variedad de contextos en los que operan escuelas públicas y privadas, los gobiernos nacionales deben permitir que entidades de nivel provincial y municipal determinen el momento y la modalidad correcta para reabrir. Políticas demasiado rígidas podrían provocar el rechazo de poblaciones locales y socavar la credibilidad de la estrategia nacional de reapertura de escuelas. Asimismo, los padres deben contar con la opción de una educación remota garantizada. La decisión final sobre la asistencia de los estudiantes recae en cada familia y no se puede ignorar que existen riesgos asociados a un retorno presencial. 

3.      Mejorar la educación a distancia

Se debe continuar mejorando la educación a distancia. Está claro que la escuela ha sufrido una importante disrupción a raíz de la pandemia y que hay cambios estructurales que se deben trabajar para lograr una educación ubicua de calidad. Los docentes deben contar con las herramientas y capacidades requeridas para diseñar experiencias de aprendizaje significativas. Asimismo, los estudiantes deberían tener acceso a dispositivos con conectividad, recursos, plataformas y mentores de apoyo. Finalmente, se debe continuar guiando a los padres y tutores para lograr un ambiente de aprendizaje saludable.

4.      Simplificar los programas

Se debe simplificar el currículo, definiendo competencias esenciales con prioridades claras y evaluaciones del progreso alcanzado. Todos los Ministerios de Educación deben preguntarse: ¿qué es razonable y primordial que aprendan los estudiantes y cómo evaluamos la brecha generada por el contexto que vivimos? Esto requerirá ajustar el calendario anual y la planificación de los docentes, otorgando flexibilidad y ofreciendo apoyo pedagógico y emocional.

5.      Distribuir el presupuesto estatal de forma eficiente

Los gobiernos requieren de recursos financieros para enfrentar los retos de la pandemia y el cambio de paradigma necesario. Los presupuestos estatales deben contemplar inversiones para una educación que incorpore la tecnología y conectividad, para cumplir con los protocolos sanitarios y para apoyar a las escuelas con su infraestructuras y alimentación escolar. La situación fiscal de cada país debe estar contemplada y los esfuerzos deben centrarse también en lograr la eficiencia del gasto público. Esta tarea va más allá del Ministerio de Educación; es una tarea conjunta con otros servicios sociales orientados a combatir el desempleo y garantizar la protección social y la salud integral de las familias. Asimismo, las autoridades deben trabajar de manera coordinada para dar mayor énfasis al apoyo socioemocional y al enfoque de género.

Durante este año que inicia, los sistemas educativos deberán hacer un esfuerzo sistemático para evaluar los rezagos y vacíos en el aprendizaje que nos dejó esta interrupción, y para implementar planes para recuperar el terreno perdido.

Sería trágico si en el 2021 solo buscamos reconstruir el mundo educativo de finales del 2019. Más bien, esta debe ser la ocasión de acelerar la transformación educativa que tanto necesitamos. Un aspecto positivo de la pandemia es que se involucraron los padres y se visibilizó ante ellos el proceso de aprendizaje, y las falencias asociadas.  Por ende, debemos centrarnos no solo en la reapertura de escuelas, sino que también en una reflexión profunda y participativa sobre las reformas estructurales necesarias. Aprovechemos el sentido de urgencia existente para llamar a la acción, abriendo esta conversación a la sociedad en su conjunto para así generar acuerdos entre los sectores público, privado, y la sociedad civil en pos de una educación inclusiva y equitativa. Pongamos al estudiante en el centro del aprendizaje, y construyamos una nueva escuela capaz de formar a ciudadanos del Siglo XXI.

Autor: Benigno López
Publicado por: blogs.iadb.org
Fecha de consulta: 12/03/2021


Cortesía de https://ciec.edu.co/

Siete propuestas para una nueva educación en Iberoamérica


Volver a las clases presenciales es un paso importante y un reto. Es imprescindible variar el rumbo errado e injusto de las trayectorias educativas de una parte importante del alumnado.


La mayoría de los países iberoamericanos han regresado a las clases presenciales en medio de una gran incertidumbre por la amenaza de un rebrote de covid-19, los problemas de distribución e inequidad de las vacunas y el relajamiento de las medidas de seguridad sanitaria. Por otro lado, las demandas contrapuestas de la sociedad, en específico de las familias, que exigen a los gobiernos la vuelta a la escolaridad presencial, al tiempo que piden prudencia por el temor al contagio.

A excepción de España, Portugal y Andorra que volvieron a las escuelas en el mes de septiembre pasado, y Nicaragua que nunca dejó la presencialidad, los demás países de la región comenzaron el proceso de retorno a la presencialidad, con diferentes variantes, a partir de febrero de este año, un año después de la irrupción de la pandemia.

Distintos organismos internacionales han alertado sobre lo que ha implicado el cierre de los centros educativos en la región, refiriéndose a los efectos que el confinamiento ha tenido en la salud mental de los estudiantes, al aumento de la brecha educativa y a las pérdidas de aprendizajes que se han generado, cuya magnitud aún se desconoce. El Banco Interamericano de Desarrollo (2021) estima que la pandemia podría causar una pérdida de 0,9 años de escolaridad en promedio, afectando de manera especial a los alumnos que vienen de contextos más desfavorecidos.

Sin embargo, lo cierto es que antes del cierre de las escuelas y de la llegada de la covid-19, la realidad educativa de la región iberoamericana ya era preocupante. De acuerdo con los resultados de la prueba PISA (2018), los estudiantes latinoamericanos de 15 años de los países participantes no logran alcanzar las competencias básicas de lectura y en promedio presentan un retraso de unos tres años en lectura, matemática y ciencias, si lo comparamos con estudiantes de otros países de la OCDE. Las primeras estimaciones del Instituto de Estadística de la UNESCO (UIS) sobre el cumplimiento de una meta esencial del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, relacionada con los resultados de aprendizaje requeridos al finalizar la educación de Primaria y Secundaria, ahondan en el mismo atraso. Esto significa que una gran proporción de niños, niñas y jóvenes de la región carece de las competencias esenciales para lograr aprendizajes posteriores, para insertarse en el mercado productivo y para el ejercicio de la ciudadanía.

Los estudiantes latinoamericanos de 15 años no logran alcanzar las competencias básicas de lectura y en promedio presentan un retraso de unos tres años en lectura, matemática y ciencias

En la región más desigual del planeta, la pandemia no solo sacó a flote las inequidades que existen (también en materia educativa), sino que las profundizó.

Por ello, es necesario repensar la educación y transformarla, para que no vuelva a la inercia del pasado, sino que posibilite oportunidades de aprendizaje para todos, como plantea la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en su publicación La educación del mañana: ¿inercia o transformación? (2020). Es fundamental:

  • Mirar más allá de las paredes de una edificación. Si de algo nos hemos dado cuenta en este tiempo es que el aprendizaje se da en cualquier lugar y a través de una diversidad de medios y recursos.
  • Contar con sistemas de apoyo que integren estrategias pedagógicas y recursos (materiales impresos y herramientas digitales), así como mecanismos de evaluación que posibiliten identificar a los alumnos que presentan retrasos y áreas con mayores dificultades, a fin de nivelar, recuperar y promover sus aprendizajes.
  • Poner el foco en mejorar las competencias básicas de lectura, escritura y matemática desde los primeros grados. La alfabetización inicial de los niños en la edad correcta es el eslabón para tener logros de aprendizaje y continuar aprendiendo a lo largo de la vida.
  • Cuidar el bienestar emocional de los estudiantes. Hay que recobrar las experiencias vividas durante el confinamiento para dar significado a lo que se enseña. En una consulta estudiantil realizada por la OEI en República Dominicana, los niños y las niñas manifestaron angustia y temor de perder a sus familiares y amigos, lo que nos revela la necesidad de desarrollar las competencias emocionales y sociales en la escuela.
  • Colocar al estudiante y sus aprendizajes en el centro. Esto requiere de docentes formados y comprometidos que personalicen los aprendizajes a partir de las necesidades e intereses de los estudiantes. Además, es preciso contar con un liderazgo directivo.
  • Apostar por la autonomía y despertar el entusiasmo de los estudiantes por aprender a aprender, para que sean agentes de su propio estudio, a través del trabajo por proyectos, el uso de las tecnologías digitales y diversas modalidades de trabajo pedagógico. La estructura de la escuela debe flexibilizarse, gestionar los espacios de una manera distinta y ajustar los tiempos. Los sistemas educativos deberían promover esta autonomía también en los docentes y en los centros educativos.
  • Finalmente, la escuela a la que se está regresando debe conjugar la presencialidad y la virtualidad. Hace falta sacar un mayor provecho del uso de las tecnologías para fines pedagógicos. Es necesario que el profesorado cuente con mayores competencias tecnológicas para el trabajo educativo y potencialice el uso de las plataformas tecnológicas, los contenidos digitales y los recursos multimedia con que cuentan varios países. Un ejemplo es Iberoamérica aprende, la plataforma que la OEI ha puesto a disposición de los sistemas educativos de la región.

La decisión de los gobiernos de Iberoamérica de volver a las clases presenciales es un paso importante y un reto que supone un gran esfuerzo. Pero no es suficiente si no se hace nada para variar el rumbo errado e injusto de las trayectorias educativas de una parte importante de la población estudiantil.

Tenemos la oportunidad de repensar la educación escolar y dotarla de sentido, pero no solo para recuperar los aprendizajes perdidos, sino para generarlos, en el marco de un modelo educativo innovador y transformador que llegue a todos los estudiantes y, sobre todo, a los que se han ido quedando atrás. Para esto, la cooperación internacional y las alianzas tienen un rol clave que jugar.

Catalina Andújar Scheker es la representante Residente de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en República Dominicana.

Autor: CATALINA ANDÚJAR SCHEKER
Publicado por: elpais.com
Fecha de consulta: 15/07/2021


Cortesía de https://ciec.edu.co/

Mensaje de Presidencia 76 Aniversario

 


lunes, 10 de febrero de 2020

DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LOS PARTICIPANTES EN EL SEMINARIO SOBRE "EDUCACIÓN: EL PACTO MUNDIAL" ORGANIZADO POR LA PONTIFICIA ACADEMIA DE CIENCIAS SOCIALES

El Papa clama por un pacto educativo global que rompa con la desigualdad entre los pueblos

El Papa clama por un pacto educativo global que rompa con la desigualdad entre los pueblos


"La pobreza, la discriminación, el cambio climático, la globalización de la indiferencia, las cosificaciones del ser humano marchitan el florecimiento de millones de criaturas"

Un pacto “entre la familia, la escuela, la patria y el mundo, la cultura y las culturas”

“Educación: el Pacto Mundial” es el título del Seminario promovido por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, que este mediodía fue recibido por el Papa Francisco, quien les invitó a recuperar el sueño de un “pacto educativo global” que apueste decididamente por la educación como motor de progreso e igualdad entre los pueblos.
“A pesar de los objetivos y metas formulados por la Organización de las Naciones Unidas -lamentó el Papa-, la educación sigue siendo desigual entre la población mundial”. No sólo eso: “la pobreza, la discriminación, el cambio climático, la globalización de la indiferencia, las cosificaciones del ser humano marchitan el florecimiento de millones de criaturas”, un “muro casi infranqueable” para muchos pueblos.

Generosidad y valentía

“Pensar en la educación es pensar en las generaciones futuras y en el futuro de la humanidad; por lo tanto, es algo que está profundamente arraigado en la esperanza y requiere generosidad y valentía”, insistió el Papa, quien apuntó que “educar no es solamente trasmitir conceptos, sino que es una labor que exige que todos los responsables de la misma —familia, escuela e instituciones sociales, culturales, religiosas...— se impliquen en ella de forma solidaria”.
“Para educar hay que buscar integrar el lenguaje de la cabeza con el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos”, apuntó Francisco, en una metáfora que suele utilizar a menudo, especialmente en sus encuentros con los más jóvenes
“Hoy está en crisis, está roto lo que he llamado el 'pacto educativo'”, denunció el Santo Padre. Un pacto “entre la familia, la escuela, la patria y el mundo, la cultura y las culturas”. “Está roto, y muy roto; y no se puede pegar o recomponer sino a través de un renovado esfuerzo de generosidad y acuerdo universal”, añadió.

Integrar los saberes y salir al mar abierto global

Pese al aparente pesimismo, “hoy estamos llamados a renovar y reintegrar el esfuerzo de todos — personas e instituciones— por la educación, para rehacer un nuevo pacto educativo, porque solamente así podrá cambiar la educación”. Y, para eso, reclamó, “hay que integrar los saberes, la cultura, el deporte, la ciencia, el esparcimiento y la recreación; para eso, hay que tender puentes de conexión, saltar el “chiquitaje”, que nos encierra en nuestro pequeño mundo, y salir al mar abierto global respetando todas las tradiciones”.
“Se podrá así promover una cultura del diálogo, del encuentro y de una mutua comprensión, de modo pacífico, respetuoso y tolerante. Una educación que capacita para identificar y fomentar los verdaderos valores humanos dentro de una perspectiva intercultural e interreligiosa”, subrayó. 
Junto a ello, Francisco quiso “rendir homenaje a los docentes” que “ante el desafío de la educación siguen adelante con valentía y tesón. Ellos son “artesanos” de las futuras generaciones”. De este modo, pidió que el futuro pacto educativo “reconozca y respalde” la función de los profesores.
Cortesía de  Religión Digital

A continuación el mensaje completo:
Queridos amigos:
Me es grato saludarlos con ocasión del Seminario promovido por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales sobre “Educación: el Pacto Mundial”. Me alegra que reflexionen sobre este tema, porque hoy es necesario unir esfuerzos para alcanzar una alianza educativa amplia con vistas a formar personas maduras, capaces de reconstruir, reconstruir el tejido relacional y crear una humanidad más fraterna (cf. Discurso al Cuerpo Diplomático, 9 enero 2020).
La educación integral y de calidad, y los patrones de graduación siguen siendo un desafío mundial. A pesar de los objetivos y metas formulados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros organismos (cf. Objetivo 4), y de los importantes esfuerzos realizados por algunos países, la educación sigue siendo desigual entre la población mundial. La pobreza, la discriminación, el cambio climático, la globalización de la indiferencia, las cosificaciones del ser humano marchitan el florecimiento de millones de criaturas. De hecho, representan para muchos un muro casi infranqueable que impide lograr los objetivos y las metas de desarrollo sostenible y garantizado que se han propuesto los pueblos.
La educación básica hoy es un ideal normativo en el mundo entero. Los datos empíricos que ustedes, señores académicos, comparten, indican que se ha progresado en la participación de los niños y niñas en la educación. La matriculación de los jóvenes en la educación primaria es hoy casi universal y se evidencia que la brecha de género se ha reducido. Este es un logro loable. Sin embargo, cada generación debería reconsiderar cómo transmitir sus saberes y sus valores a la siguiente, ya que es a través de la educación que el ser humano alcanza su máximo potencial y se convierte en un ser consciente, libre y responsable. Pensar en la educación es pensar en las generaciones futuras y en el futuro de la humanidad; por lo tanto, es algo que está profundamente arraigado en la esperanza y requiere generosidad y valentía.
Educar no es solamente trasmitir conceptos, esta sería una herencia de la ilustración que hay que superar, o sea no sólo transmitir conceptos, sino que es una labor que exige que todos los responsables de la misma —familia, escuela e instituciones sociales, culturales, religiosas…— se impliquen en ella de forma solidaria. En este sentido, en algunos países se habla de que está roto el pacto educativo porque falta esta concurrencia social en la educación. Para educar hay que buscar integrar el lenguaje de la cabeza con el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Que un educando piense lo que siente y lo que hace, sienta lo que piensa y lo que hace, haga lo que siente y lo que piensa. Integración total. Al fomentar el aprendizaje de la cabeza, del corazón y de las manos, la educación intelectual y socioemocional, la transmisión de los valores y las virtudes individuales y sociales, la enseñanza de una ciudadanía comprometida y solidaria con la justicia, y al impartir las habilidades y el conocimiento que forman a los jóvenes para el mundo del trabajo y la sociedad, las familias, las escuelas y las instituciones se convierten en vehículos esenciales para el empoderamiento de la próxima generación. Entonces sí, no se habla ya de un pacto educativo roto. El pacto es este.
Hoy está en crisis, está roto lo que he llamado el “pacto educativo”; el pacto educativo que se da entre la familia, la escuela, la patria y el mundo, la cultura y las culturas. Está roto, y muy roto; y no se puede pegar o recomponer. No se puede zurcir, sino a través de un renovado esfuerzo de generosidad y acuerdo universal. El pacto educativo roto significa que sea la sociedad, sea la familia, sean las distintas instituciones que están llamadas a educar delegan la decisiva tarea educacional a otros, evadiendo así la responsabilidad las diversas instituciones básicas y los mismos estados que hayan claudicado de este pacto educativo.
Hoy estamos llamados, de alguna manera, a renovar y reintegrar el esfuerzo de todos —personas e instituciones— por la educación, para rehacer un nuevo pacto educativo, porque solamente así podrá cambiar la educación. Y, para eso, hay que integrar los saberes, la cultura, el deporte, la ciencia, el esparcimiento y la recreación; para esto, hay que tender puentes de conexión, saltar; me permiten la palabra: saltar el “chiquitaje”, que nos encierra en nuestro pequeño mundo, y salir al mar abierto global respetando todas las tradiciones. Las nuevas generaciones deben comprender con claridad su propia tradición y cultura. Eso no se negocia, es innegociable, en relación con las demás, de modo que desarrollen la propia auto-comprensión afrontando y asumiendo la diversidad y los cambios culturales. Se podrá así promover una cultura del diálogo, una cultura del encuentro y de una mutua comprensión, de modo pacífico, respetuoso y tolerante. Una educación que capacita para identificar y fomentar los verdaderos valores humanos dentro de una perspectiva intercultural e interreligiosa.
La familia necesita ser valorada en el nuevo pacto educativo, puesto que su responsabilidad ya comienza en el vientre materno, en el momento del nacimiento. Pero las madres, los padres —los abuelos— y la familia en su conjunto, en su rol educativo primario, necesitan ayuda para comprender, en el nuevo contexto global, la importancia de esta temprana etapa de la vida, y estar preparados para actuar en consecuencia. Una de las formas fundamentales de mejorar la calidad de la educación a nivel escolar es conseguir una mayor participación de las familias y las comunidades locales en los proyectos educativos. Y estas son parte de esa educación integral, puntual y universal.
Deseo, en este momento, rendir también homenaje a los docentes —los siempre mal pagados—, porque ante el desafío de la educación siguen adelante con valentía y tesón. Ellos son “artesanos” de las futuras generaciones. Con su saber, paciencia y dedicación van transmitiendo un modo de ser que se transforma en riqueza, no material, sino inmaterial, se va creando al hombre y mujer del mañana. Esto es una gran responsabilidad. Por lo tanto, en el nuevo pacto educativo, la función de los docentes, como agentes de la educación, debe reconocerse y respaldarse con todos los medios posibles. Si nuestro objetivo es brindar a cada individuo y a cada comunidad el nivel de conocimientos necesario para tener su propia autonomía y ser capaces de cooperar con los demás, es importante apuntar a la formación de los educadores con los más altos estándares cualitativos, en todos los niveles académicos. Para respaldar y promover este proceso, es necesario que tengan a disposición los recursos nacionales, internacionales y privados adecuados de manera que, en todo el mundo, puedan cumplir sus tareas de manera efectiva.
En este Seminario sobre “Educación: El Pacto Mundial”, ustedes, académicos de varias de las universidades más respetadas del mundo, han identificado nuevas palancas para hacer que la educación sea más humana y equitativa, más satisfactoria, y más relevante para las necesidades dispares de las economías y sociedades del siglo XXI. Ustedes han examinado, entre otras cosas, la nueva ciencia de la mente, el cerebro y la educación, la promesa de la tecnología de llegar a niños que actualmente no tienen oportunidades de aprendizaje, y el tema importantísimo de la educación de jóvenes refugiados e inmigrantes alrededor del mundo. Ustedes han abordado los efectos de la creciente desigualdad y el cambio climático en la educación, así como las herramientas para revertir los efectos de ambos y afianzar las bases para una sociedad más humana, más sana, más equitativa y feliz.
Y hablé de los tres lenguajes: de la mente, del corazón, de las manos. Y hablando de las raíces, de los valores, podemos hablar de verdad, de bondad, de creatividad, pero no quiero terminar estas palabras sin hablar de la belleza. No se puede educar sin inducir a la belleza, sin inducir del corazón la belleza. Forzando un poco el discurso, me atrevería a decir, que una educación no es exitosa si no sabe crear poetas. El camino de la belleza es un desafío que se debe abordar.
Los animo en esta tarea tan importante y apasionante que tienen: colaborar en la educación de las futuras generaciones. No es algo del mañana, sino del hoy. Adelante, que Dios los bendiga. Rezo por ustedes y ustedes háganlo por mí. Muchas gracias.

miércoles, 22 de enero de 2020

8 propuestas para afrontar la emergencia climática desde la educación

Adaptar el currículum hacia la transición de una sociedad sostenible y formar al profesorado en educación ambiental son algunas de las sugerencias que aporta un manifiesto de Ecologistas en Acción.
educación para el desarrollo sostenible

El sistema educativo no está adaptado a los retos que se avecinan para afrontar la crisis climática, según la confederación de grupos ecologistas de España, Ecologistas en Acción. Es por ello que esta organización ha difundido el Manifiesto por una educación que afronte el estado de emergencia climática y planetaria, en el que propone cambios profundos que se deberían realizar en la educación.


"El sistema educativo y el sistema cultural dominante no sólo no están adaptados a los tiempos que se avecinan y a los cambios que se necesitan, sino que nos conducen a más velocidad hacia el colapso", asegura la organización ecologista, que hace un llamado a las administraciones y a la comunidad educativa para sumarse a las personas, organizaciones, comunidades y alumnado que lucha por que haya un giro radical en la sociedad y la economía actuales. "El sistema educativo, en la parte en la que también puede ser proactivo, no se puede quedar atrás".


Y es que, según este organismo, la sociedad ha aprendido a producir y consumir más, "a que el desarrollo de los países ricos traerá el de los países empobrecidos, que sólo trabajan quienes tienen empleo y que la tecnología nos traerá las soluciones necesarias. Estos aprendizajes son ahora contraproducentes".


El texto se ha dado a conocer recientemente en el marco de la celebración del Foro de Educación para la emergencia climática y planetariaque se ha realizado en la Cumbre Social del Clima, un evento que se ha desarrollado de manera paralela a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, COP25.
En el documento, la organización ecologista sugiere transformar el sistema educativo poniendo en marcha las siguientes acciones:



1. Adaptar el currículum a la necesaria transición a una sociedad ecológica y justa




Ecologistas en acción asegura que el currículum educativo debería cambiar adecuándose a las necesidades de una sociedad ecológica y justa. Esto significa que se deben revisar en su conjunto las asignaturas y adaptarlas de tal manera que el profesorado y el alumnado puedan desarrollar proyectos específicos relativos a la transición ecológica y a la emergencia climática, y adquieran las competencias que les ayuden a responder a estas.


Para ello, la organización ecologista sugiere que se incorporen en el currículum asignaturas adaptadas a un conocimiento más profundo sobre la sostenibilidad, como "una Física, una Química y una Geografía de la sostenibilidad, una Economía ecológica y de los cuidados, una Historia del territorio, una comprensión del metabolismo de materiales y de la energía, una Biología más centrada en la ecología, una alimentación agroecológica, unas tecnologías compatibles con la sostenibilidad, unas Matemáticas que estudien las cuentas de la tierra y de la equidad, una comunicación de la sostenibilidad y la justicia, una ética social y medioambiental, etc.", señala el manifiesto.

2. Formar al profesorado para la emergencia climática y la transición ecológica y social


Resulta clave que los docentes estén preparados para educar al alumnado en temas de sostenibilidad, por lo que resulta indispensable que se formen adecuadamente "para la emergencia climática y la transición ecológica y social, tanto en las escuelas de magisterio como en los másteres de capacitación del profesorado o en las carreras que van a impartir docencia", señala el manifiesto. Asimismo, se debe considerar que estas temáticas ecologistas formen parte de la formación permanente del profesorado y se contemplen como requisito en los sistemas de acceso a la función pública docente.

3. Educar en el territorio: fuera de las aulas

educación ambiental


Para entender las consecuencias de la acción humana en el planeta es necesario que el alumnado tenga contacto directo con la naturaleza y la explore, que se eduque en el territorio, es decir, que salga de las aulas y se vincule con el medio ambiente. De esta manera podrá defenderlo y considerarlo "como la base material que sustenta la vida".

4. Cambiar las infraestructuras educativas hacia la sostenibilidad


Otra de las propuestas del organismo es modificar las propias infraestructuras educativas, así como la accesibilidad a éstas. Esto significa transformar los centros educativos tal manera que sean ecológicamente sostenibles, que permitan el aprendizaje de la sostenibilidad en las propias instalaciones de las escuelas, institutos y universidades, "y sirvan de referencia para el resto de la comunidad".

5. Desarrollar metodologías inclusivas que favorezcan el aprendizaje colectivo y la solidaridad


El sistema educativo debe poner el énfasis en que el alumnado aprenda y experimente la solidaridad, la organización de la comunidad y la vinculación responsable con el territorio del que depende. También es importante implantar "sistemas de aprendizaje individual y colectivo, para sobrevivir y vivir con dignidad", señala la organización.

 

6. Construir soluciones y proyectos educativos que contribuyan a la sostenibilidad


Ecologistas en acción sugiere también que entre las administraciones y los propios centros se construyan y promuevan soluciones prácticas que contribuyan a que el sistema educativo y sus actores sean más sostenibles. Algunas de ellas serían "implantar comedores ecológicos y amables con la naturaleza, la movilidad sostenible en torno a los centros educativos y formativos, los huertos escolares, los proyectos de rehabilitación ecológica del territorio, el abastecimiento de productos ecológicos y locales, la articulación de redes vecinales y comunitarias, entre otros".

7. Facilitar la creación y distribución de materiales didácticos centrados en cómo realizar la transición ecológica.



Para que el profesorado y la comunidad educativa puedan preparar al alumnado hacia la sostenibilidad, se requiere que se desarrollen y se difundan entre los docentes materiales y recursos centrados en la transición ecológica.
 

8. Denunciar las falsas soluciones e implicar a toda la comunidad educativa


Ecologistas en acción considera que es necesario comprender desde el sistema educativo la magnitud de la emergencia climática y que los verdaderos responsables de esta son: "las políticas de extracción-producción-distribución- consumo-desecho, el agronegocio, la hipermovilidad motorizada, las reglas del mercado, los intereses de las grandes corporaciones, los grandes medios de comunicación y las formas de vida insostenibles".
Por ello, se requiere denunciar las falsas soluciones a la crisis climática y "del ‘lavado verde' que acaban siendo más despilfarro de energía y de materiales y más desigualdades sociales", sostiene la organización.
Asimismo, el manifiesto afirma que el cambio de rumbo hacia una sociedad más sostenible requiere de la implicación de toda la comunidad educativa y en todas las etapas "desde la Educación Infantil hasta la Universidad, incluyendo la Formación Profesional". También hay que establecer sinergias con la educación no formal (asociaciones, colectivos comprometidos con el cambio social) y en especial con la educación ambiental, aprovechando y dinamizando su red de equipamientos y recursos.
El cambio educativo también debe implicar un cambio cultural, en el que los medios de comunicación, los agentes de creación de opinión, las comunidades educativas, las instituciones y los movimientos sociales, tienen un papel primordial. Todos ellos, asegura el manifiesto, deben tomar conciencia de que hay una emergencia climática, social y ecológica.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Carta apostólica Admirabile signum del Santo Padre Francisco sobre el significado y el valor del Belén



CARTA APOSTÓLICA EL HERMOSO SIGNO DEL PESEBRE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL SIGNIFICADO Y EL VALOR DEL BELÉN

1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.
Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.

2. El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium.
El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (Serm. 189,4). En realidad, el belén contiene diversos misterios de la vida de Jesús y nos los hace sentir cercanos a nuestra vida cotidiana.
Pero volvamos de nuevo al origen del belén tal como nosotros lo entendemos. Nos trasladamos con la mente a Greccio, en el valle Reatino; allí san Francisco se detuvo viniendo probablemente de Roma, donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del Papa Honorio III la confirmación de su Regla. Después de su viaje a Tierra Santa, aquellas grutas le recordaban de manera especial el paisaje de Belén. Y es posible que el Poverello quedase impresionado en Roma, por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conservaban, según una antigua tradición, las tablas del pesebre.
Las Fuentes Franciscanas narran en detalle lo que sucedió en Greccio. Quince días antes de la Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: «Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno»[1]. Tan pronto como lo escuchó, ese hombre bueno y fiel fue rápidamente y preparó en el lugar señalado lo que el santo le había indicado. El 25 de diciembre, llegaron a Greccio muchos frailes de distintos lugares, como también hombres y mujeres de las granjas de la comarca, trayendo flores y antorchas para iluminar aquella noche santa. Cuando llegó Francisco, encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas que llegaron mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes[2].
Así nace nuestra tradición: todos alrededor de la gruta y llenos de alegría, sin distancia alguna entre el acontecimiento que se cumple y cuantos participan en el misterio.
El primer biógrafo de san Francisco, Tomás de Celano, recuerda que esa noche, se añadió a la escena simple y conmovedora el don de una visión maravillosa: uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús. De aquel belén de la Navidad de 1223, «todos regresaron a sus casas colmados de alegría»[3].

3. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. Por otro lado, el mismo lugar donde se realizó el primer belén expresa y evoca estos sentimientos. Greccio se ha convertido en un refugio para el alma que se esconde en la roca para dejarse envolver en el silencio.
¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.
La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.
De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. Mt 25,31-46).

4. Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).
Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia. Estas ruinas parecen estar inspiradas en la Leyenda Áurea del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.

5. ¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.
«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.

6. Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.
Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.
Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan..., todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

7. Poco a poco, el belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5).
Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.

8. El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.
El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.
«La Vida se hizo visible» (1Jn 1,2); así el apóstol Juan resume el misterio de la encarnación. El belén nos hace ver, nos hace tocar este acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia, y a partir del cual también se ordena la numeración de los años, antes y después del nacimiento de Cristo.
El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos: duerme, toma la leche de su madre, llora y juega como todos los niños. Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida.

9. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.
Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.
Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

10. Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.
Queridos hermanos y hermanas: El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.

FRANCISCO

Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019.