jueves, 16 de febrero de 2017

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017


VATICANO, 07 Feb. 17 / 06:16 am (ACI).- El Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2017 lleva por título “La Palabra es un don. El otro es un don”.
En él, el Santo Padre habla del pasaje sobre Lázaro y el rico; y señala que “la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor 'que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador' nos muestra el camino a seguir”.
A continuación, el texto completo del mensaje:
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor.
Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).
La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19- 31).
Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión.
1. El otro es un don
La parábola comienza presentando a los dos personajes principales, pero el pobre es el que viene descrito con más detalle: él se encuentra en una situación desesperada y no tiene fuerza ni para levantarse, está echado a la puerta del rico y come las migajas que caen de su mesa, tiene llagas por todo el cuerpo y los perros vienen a lamérselas (cf. vv. 20-21). El cuadro es sombrío, y el hombre degradado y humillado.
La escena resulta aún más dramática si consideramos que el pobre se llama Lázaro: un nombre repleto de promesas, que significa literalmente «Dios ayuda». Este no es un personaje anónimo, tiene rasgos precisos y se presenta como alguien con una historia personal.
Mientras que para el rico es como si fuera invisible, para nosotros es alguien conocido y casi familiar, tiene un rostro; y, como tal, es un don, un tesoro de valor incalculable, un ser querido, amado, recordado por Dios, aunque su condición concreta sea la de un desecho humano (cf. Homilía, 8 enero 2016).
Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida.
La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido. La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo.
Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor. La Palabra de Dios nos ayuda a abrir los ojos para acoger la vida y amarla, sobre todo cuando es débil. Pero para hacer esto hay que tomar en serio también lo que el Evangelio nos revela acerca del hombre rico.
2.   El pecado nos ciega
La parábola es despiadada al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cf. v. 19). Este personaje, al contrario que el pobre Lázaro, no tiene un nombre, se le califica sólo como «rico». Su opulencia se manifiesta en la ropa que viste, de un lujo exagerado.
La púrpura, en efecto, era muy valiosa, más que la plata y el oro, y por eso estaba reservada a las divinidades (cf. Jr 10,9) y a los reyes (cf. Jc 8,26). La tela era de un lino especial que contribuía a dar al aspecto un carácter casi sagrado.
Por tanto, la riqueza de este hombre es excesiva, también porque la exhibía de manera habitual todos los días: «Banqueteaba espléndidamente cada día» (v. 19). En él se vislumbra de forma patente la corrupción del pecado, que se realiza en tres momentos sucesivos: el amor al dinero, la vanidad y la soberbia (cf. Homilía, 20 septiembre 2013).
El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos.
El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz.
La parábola nos muestra cómo la codicia del rico lo hace vanidoso. Su personalidad se desarrolla en la apariencia, en hacer ver a los demás lo que él se puede permitir.
Pero la apariencia esconde un vacío interior. Su vida está prisionera de la exterioridad, de la dimensión más superficial y efímera de la existencia (cf. ibíd., 62).
El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. El hombre rico se viste como si fuera un rey, simula las maneras de un dios, olvidando que es simplemente un mortal.
Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación
Cuando miramos a este personaje, se entiende por qué el Evangelio condena con tanta claridad el amor al dinero: «Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero» (Mt 6,24).
3.   La Palabra es un don
El Evangelio del rico y el pobre Lázaro nos ayuda a prepararnos bien para la Pascua que se acerca. La liturgia del Miércoles de Ceniza nos invita a vivir una experiencia semejante a la que el rico ha vivido de manera muy dramática.
El sacerdote, mientras impone la ceniza en la cabeza, dice las siguientes palabras: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás». El rico y el pobre, en efecto, mueren, y la parte principal de la parábola se desarrolla en el más allá. Los dos personajes descubren de repente que «sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él» (1 Tm 6,7).
También nuestra mirada se dirige al más allá, donde el rico mantiene un diálogo con Abraham, al que llama «padre» (Lc 16,24.27), demostrando que pertenece al pueblo de Dios.
Este aspecto hace que su vida sea todavía más contradictoria, ya que hasta ahora no se había dicho nada de su relación con Dios. En efecto, en su vida no había lugar para Dios, siendo él mismo su único dios.
El rico sólo reconoce a Lázaro en medio de los tormentos de la otra vida, y quiere que sea el pobre quien le alivie su sufrimiento con un poco de agua.
Los gestos que se piden a Lázaro son semejantes a los que el rico hubiera tenido que hacer y nunca realizó. Abraham, sin embargo, le explica: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces» (v. 25). En el más allá se restablece una cierta equidad y los males de la vida se equilibran con los bienes.
La parábola se prolonga, y de esta manera su mensaje se dirige a todos los cristianos. En efecto, el rico, cuyos hermanos todavía viven, pide a Abraham que les envíe a Lázaro para advertirles; pero Abraham le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen» (v. 29). Y, frente a la objeción del rico, añade: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto» (v. 31).
De esta manera se descubre el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo.
La Palabra de Dios es una fuerza viva, capaz de suscitar la conversión del corazón de los hombres y orientar nuevamente a Dios. Cerrar el corazón al don de Dios que habla tiene como efecto cerrar el corazón al don del hermano.
Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor "que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador" nos muestra el camino a seguir.
Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados.
Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana.
Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.
Vaticano, 18 de octubre de 2016
Fiesta de San Lucas Evangelista
FRANCISCO
Cortesía de aciprensa.com

martes, 31 de enero de 2017

Seccional Caracas Centro


  La Seccional Caracas Centro es una de las tres seccionales ubicadas en Caracas y que acompaña desde la triple mirada pedagógica, administrativa y pastoral a los centros educativos de la región del centro del Valle de Caracas.
  La Seccional está conformada por la Junta Directiva que consta de tres miembros principales: un Presidente(a), un Secretario(a), un Tesorero(a). Y de tres Coordinadores en las áreas de: Pastoral, Pedagógica y administrativa. 

Son atribuciones de las Juntas Directivas de las Secciónales: 
a) Representar a la Asociación localmente. 
b) Promover y coordinar la elaboración y evaluación del Proyecto Educativo Pastoral de la Asociación, con base en una amplia consulta de los Asociados, y su seguimiento. 
c) Apoyar en la difusión de los principios y fines de la Asociación, junto a los lineamientos de su Proyecto Educativo Pastoral, sus programas y actividades en la Comunidad Local. 
d) Convocar a reuniones ordinarias y extraordinarias del Consejo Directivo de la Seccional y de los Responsables de Gestión de los Centros de las Zonas. 
e) Velar por el cumplimiento de las determinaciones de las Asambleas Nacionales de Asociados, del Consejo Directivo Nacional y de la Presidencia Nacional, así como de los acuerdos del Consejo Directivo de la Seccional. 
f) Elaborar, en colaboración con el Equipo de la Seccional, el 29 V DEL GOBIERNO Plan Estratégico de la Seccional para orientar su gestión, con base en el Proyecto Educativo Pastoral de la Asociación y presentarlo al Consejo Directivo Seccional para su validación. g) Organizar los servicios que se requieran para el cumplimiento de sus funciones. 
h) Postular, evaluar y hacer el seguimiento al equipo de profesionales que trabajan en la Seccional, según los lineamientos de la Presidencia Nacional. 
i) Organizar, según lo previsto en el artículo 8, literales “g” y “h” del presente Estatuto, de manera articulada con las Instituciones y Centros, las experiencias formativas necesarias para impulsar las metas del Proyecto Educativo Pastoral de la Asociación. 
j) Acompañar, de manera articulada con las Instituciones, a los Centros asociados a tenor del Art. 8 en los literales “f” e “i” de estos Estatutos. 
k) Establecer y mantener buenas relaciones con la Iglesia Local, las Zonas Educativas, los Consejos Educativos y alguna otra asociación de padres, madres y representantes, legalmente constituida, de los Centros respectivos.
 l) Representar a los Asociados de la Seccional ante las autoridades locales y especialmente ante las autoridades educativas. 
m) Elaborar el presupuesto anual de la Seccional y presentarlo al Consejo Directivo de la Seccional. 
n) Todas las otras responsabilidades que deleguen en ella la Asamblea Nacional de Asociados, el Consejo Directivo Nacional o la Presidencia de la Asociación. 

  En la búsqueda de consolidar el servicio educativo que brinda la AVEC desde lo Pastoral, lo Pedagógico y lo administrativo, pero, no como dimensiones yuxtapuestas sino en forma global donde cada aspecto implica al otro, en el mes de noviembre del 2016 fue electa la Junta Directiva de la Seccional Caracas Centro, el día 30 de enero de 2017 se realizó el encuentro de todo el equipo de trabajo de la Seccional en la nueva oficina, ubicada en el Colegio “Nuestra Señora de Guadalupe” Av Casanova, Calle Unión y el Recreo, conformado por la Junta Directiva: Prof.(a) Graciela Inatty,(Presidenta), Lda. Mireya Simoza (Tesorera) y el Ldo. Francisco Soto (Secretario). Los Coordinadores: Prof.(a) Anny Ortiz (Coord. Pedagógica) Lic. Adalgiza Jimenez (Coord. Administrativa), Lic. Arnaldo Rondón (Coord. De Pastoral) y Jaelimar Montilla (Secretaria). 


  Posteriormente el 26 de octubre de 2017 en la instalaciones del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe en reunión con los directores de los Centros Educativos de la Seccional es elegida la Hna. Elvia Colina, Directora del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe,  como tesorera de la Seccional, asumiendo como presidente el Ldo. Francisco Soto y como Secretaria la Lda. Mireya Simoza. 



  El 19 de marzo de 2018 reunida la Junta Directiva y Coordinadores con los Directores de los centros Educativos se eligió a la Profa. Yudith Soto, directora del prescolar Don Bosco como Tesorera de la Seccional, asumiendo como presidente la Lda. Mireya Simoza y la Hna. Elvia Colina como Secretaria. 

  


Damos gracias a Dios que en el año escolar 2019-2020, continúa la Junta Directiva y en el Equipo de Apoyo se incorpora como secretaria Devora Romero. ¡Gracias Padre porque siempre nos envías hermanos y compañeros de camino, en comunión con toda la Iglesia, pedimos la oración, para que podamos cada día cumplir con la misión que nos ha sido encomendada¡  



martes, 24 de enero de 2017

PAPA FRANCISCO: “EDUCAR ES UN ACTO DE AMOR, ES DAR VIDA”


En un discurso pronunciado por el  Papa Francisco en el 2014 en la asamblea de la Congregación para la Educación Católica: «Las instituciones académicas católicas no deben aislarse del mundo» El Papa explicó los desafíos actuales de la educación católica.

La educación católica es «uno de los desafíos más importantes para la Iglesia, comprometida hoy en realizar la nueva evangelización en un contexto histórico y cultural en constante transformación y de acentuada pluralidad cultural y religiosa». Estudian en las escuelas católicas creyentes y no creyentes, por lo que estas instituciones tienen un papel decisivo en el diálogo. «Educar es un acto de amor, es dar vida». Por ello es fundamental para los jóvenes la coherencia entre los valores declarados y los que se atestiguan con la vida.
 El Pontífice subrayó el «valor del diálogo en la educación» y recordó que «educar es una gran obra de construcción en constante transformación».  El Papa, después de explicar la mancuerna educación-evangelización, se centró en tres aspectos a partir del «valor del diálogo en la educación», pues las escuelas católicas también están abiertas a estudiantes no cristianos e incluso no creyentes: «A todos, las instituciones educativas católicas ofrecen una propuesta educativa que tiene como objetivo el desarrollo integral de la persona y que responde al derecho de toda persona a tener acceso al saber y al conocimiento. Pero todos están igualmente llamados a ofrecer, con pleno respeto de la libertad de cada individuo y de los métodos del entorno escolar, la propuesta cristiana, es decir, Jesucristo, como sentido de la vida, del cosmos y de la historia».
 El Papa Francisco dijo que «la educación está dirigida a una generación que está cambiando y que, por tanto, todo educador (y toda la Iglesia que es madre educadora) está llamado a cambiar, en el sentido de ser capaz de comunicar con los jóvenes que tiene delante». «La educación es un acto de amor, es dar vida –exclamó Bergoglio. Y el amor es exigente, pide encontrar los mejores recursos, para despertar la pasión y comenzar un camino con paciencia junto a los jóvenes. El educador en las escuelas católicas debe ser ante todo muy competente, calificado, y al mismo tiempo lleno de humanidad, capaz de estar entre los jóvenes con estilo pedagógico, para promover su crecimiento humano y espiritual».
 «No se puede crecer, no se puede educar sin coherencia». Por esta razón, explicó Francisco, «el propio educador necesita un aprendizaje permanente», y sugirió «la necesidad de retiros y ejercicios espirituales para los educadores».
 «Es bueno hacer cursos para esto y para lo otro, pero también es necesario hacer estos retiros espirituales, ¡retiros para rezar! Porque la coherencia es un esfuerzo, pero sobre todo es un don y una gracia. Y tenemos que pedirla», concluyó. 

Cortesía de https://religionennavarra.wordpress.com